Entrenar sin depender del potenciómetro
En la era del dato y la tecnología, muchos deportistas se sienten más cómodos cuando el entrenamiento está completamente controlado: vatios, ritmos, zonas de frecuencia cardíaca, potencia normalizada, TSS… todo perfectamente programado. Sin embargo, entrenar encasillado en los números puede convertirse en una trampa si olvidamos una realidad básica:
las competiciones no son así de predecibles.
Un ejemplo real en competición
Durante el Half de Gandía, uno de mis triatletas tenía su estrategia perfectamente diseñada: potencia objetivo, márgenes por kilómetro, y un control preciso del esfuerzo para cada tramo.
Pero nada más salir de la transición, el Garmin cayó y se rompió.
Sin datos, sin referencia de potencia., solo quedaba una herramienta: su percepción del esfuerzo.

Lo interesante es que, al analizar los registros posteriores, los ritmos medios del segmento ciclista y de la carrera fueron casi idénticos a los planificados. A pesar de la falta de datos, su cuerpo sabía perfectamente dónde estaba su límite, cómo gestionar la intensidad y cuándo apretar. Eso solo ocurre cuando el deportista ha aprendido a entrenar escuchando sus sensaciones.
Por qué deberías entrenar “sin datos” de vez en cuando
No se trata de rechazar la tecnología, sería absurdo, sino de no depender de ella. De vez en cuando conviene programar entrenamientos en los que el reloj no dicte el ritmo, sino las sensaciones.
Algunos ejemplos útiles:
- Rodajes por percepción de esfuerzo (escala RPE 1–10).
- Series por tiempo, sin mirar vatios ni pulso, centrado solo en la percepción.
- Entrenamientos en grupo, donde el ritmo cambia y exige adaptarse al entorno.
- Sesiones por pulso, sabiendo que este tiene una variabilidad natural mayor que la potencia.
Estos entrenamientos ayudan a mejorar la inteligencia corporal, la gestión del esfuerzo y la capacidad de competir incluso en condiciones imprevistas.
Conclusión
La tecnología es una herramienta, no un sustituto del criterio. Un deportista completo no solo conoce sus zonas, sino también cómo se siente en cada una de ellas.
Entrenar a veces “a ojo” no es retroceder, es reforzar la conexión entre mente, cuerpo y rendimiento. Y el día que el potenciómetro falle —porque algún día fallará—, tu cuerpo será tu mejor referencia.
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